Resulta que en una de esas maravillosas revisiones del "niño sano", que al menos en nuestra comunidad hacen casi en su totalidad la enfermera de pediatría, a D le hicieron a traición una retracción prepucial (con cuatro meses). Fue a traición porque la enfermera aprovechó que me agachaba a coger del bolso la cartilla de vacunación para hacerlo. Y mi mosqueo cuando lo vi fue de los buenos... Sobre la marcha le dije que soltara al niño y dejara de hacerle eso porque para más inri la muy bruta le llegó a hacer sangre...
Por ésta experiencia decidí documentarme al respecto y reforzar la idea de que no es necesario e incluso contraproducente realizar ésta técnica en bebés. En su libro "Un regalo para toda la vida" el pediatra Carlos González dedica una parte del texto a explicar porqué no hay que hacerlo. La explicación en cualquier caso es muy breve... Los bebés nacen con adherencias fisiológicas, completamente normales y que van desapareciendo con el tiempo cuando él mismo se vaya tocando (cualquiera que tenga un niño sabe que se pegan unos estirones), los cambios hormonales... Forzar éste proceso puede crear adherencias traumáticas que deriven en una fimosis real. En el blog "Amor maternal" hay un excelente artículo con referencias a estudios médicos que os invito a leer para estar plenamente informadas del tema.
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